martes, 23 de julio de 2024

tardedeverano

"Hay que meter la aguja así. Primero para adentro y después, cuando hacés la línea, la sacás. Ojo no pincharte" me dice y mis ojos dan la vuelta carnero hacia atrás. 
¿Cómo me voy a pinchar?, por favor, qué ridiculez. Del único peligro que me tenés que cuidar es de no morir aplastada por tus resguardos constantes. 

No estoy de acuerdo con el color de la tela que yo misma elegí. Es así, funciona así y nada tiene que ver con vos. 

El olor a pis que nos invade me hace sentir en un lugar bien lejos, sin retorno. 

Hay una voracidad que ellos tienen cuando destruyen de la que me gustaría haber mamado. La voracidad para decir "todo esto es un fracaso. Ya no hay más cruces, sólo un insecto que se para en una hoja mientrás allá lejos explota una casa por una fuga de gas." 

Me planteo si la línea que intento armar con tanta dedicación sirve para algo o es otro manotazo de ahogado que doy para salvar esto. El futuro de este bordado es el siguiente: se abrirá por la esquina y retozará sobre la pierna del perro ocupado en excavar hasta el centro del sillón en busca del núcleo duro y quienes vivan en él. 

De verdad, no me interesa si no terminamos hoy. De hecho, prefiero posponer cualquier actividad hasta no tener una certeza, cualquiera, que caiga preferentemente en mi mano y me deje manipularla un rato para saber de qué material está hecha y si va a durar un tiempo o se irá a la primera de cambio como todas hasta ahora. 

Hace calor. Se saca la remera. Yo también. 
Hacemos esto en pleno mediodía de enero, al rayo del sol, para contarle a nuestros cuerpos que hay cosas que duelen más; el calor, una quemadura sin supervisión, sostenerse mucho tiempo sobre las rodillas o hablar sólo con monosílabos. Todo más que decir "lo siento, acá ya no cabemos los dos."

tardedeverano

"Hay que meter la aguja así. Primero para adentro y después, cuando hacés la línea, la sacás. Ojo no pincharte" me dice y mis ojo...