martes, 23 de julio de 2024

tardedeverano

"Hay que meter la aguja así. Primero para adentro y después, cuando hacés la línea, la sacás. Ojo no pincharte" me dice y mis ojos dan la vuelta carnero hacia atrás. 
¿Cómo me voy a pinchar?, por favor, qué ridiculez. Del único peligro que me tenés que cuidar es de no morir aplastada por tus resguardos constantes. 

No estoy de acuerdo con el color de la tela que yo misma elegí. Es así, funciona así y nada tiene que ver con vos. 

El olor a pis que nos invade me hace sentir en un lugar bien lejos, sin retorno. 

Hay una voracidad que ellos tienen cuando destruyen de la que me gustaría haber mamado. La voracidad para decir "todo esto es un fracaso. Ya no hay más cruces, sólo un insecto que se para en una hoja mientrás allá lejos explota una casa por una fuga de gas." 

Me planteo si la línea que intento armar con tanta dedicación sirve para algo o es otro manotazo de ahogado que doy para salvar esto. El futuro de este bordado es el siguiente: se abrirá por la esquina y retozará sobre la pierna del perro ocupado en excavar hasta el centro del sillón en busca del núcleo duro y quienes vivan en él. 

De verdad, no me interesa si no terminamos hoy. De hecho, prefiero posponer cualquier actividad hasta no tener una certeza, cualquiera, que caiga preferentemente en mi mano y me deje manipularla un rato para saber de qué material está hecha y si va a durar un tiempo o se irá a la primera de cambio como todas hasta ahora. 

Hace calor. Se saca la remera. Yo también. 
Hacemos esto en pleno mediodía de enero, al rayo del sol, para contarle a nuestros cuerpos que hay cosas que duelen más; el calor, una quemadura sin supervisión, sostenerse mucho tiempo sobre las rodillas o hablar sólo con monosílabos. Todo más que decir "lo siento, acá ya no cabemos los dos."

sábado, 28 de agosto de 2021

sueño

"Aquella noche, por primera vez en su vida, soñó que estaba muerto y se despertó dos veces en el curso del sueño, temblando de pánico. En ambas ocasiones intentó calmarse, se dijo a sí mismo que si cambiaba de posición en la cama el sueño acabaría; pero las dos veces, en cuanto volvió a dormirse, el sueño comenzó en el punto exacto donde lo había dejado." Recordó que alguien alguna vez le había dicho que si uno se vuelve consciente en el sueño y logra atravesar la pesadilla sin despertarse, sin sucumbir al miedo que provoca, aparece en otro sueño. En ese momento había pensado que morir debía ser algo parecido. O mejor dicho, que si uno logra atravesar esta vida, puede aparecer en otra más, y así. Luego se dio cuenta que su lógica era muy propia del videojuego que jamás termina y temió estar evadiendo la cuestión propia de la muerte, o sea la desaparición física de uno en el mundo, es decir la ausencia de uno y de otro, y pensó que jamás iba a poder dejar de hablar de desapariciones y ausencias hasta que no las atravesara por completo y pudiera, por fin, despertarse sin miedo. (Lo primero es Auster. Y lo segundo es un divague personal, gracias a Auster y a otras cosas)

jueves, 19 de agosto de 2021

tos.

Me subo al bondi y consigo sentarme en los asientos de atrás de todo. Hay una persona adelante que tose con un mismo ritmo cinco veces. 1, 2, 3, 4, 5 Durante esas cinco toses yo ya pensé dos veces en vos y me pregunté tres veces más cuándo va a ser el día que deje de recordarte. También pensé que iba a ser mucho más difícil pasar por la puerta del bar con el colectivo, tenía miedo de que una fuerza magnética me absorbiera y me encuentre de nuevo ahí dentro, escuchando tu voz y una música rarísima, dos cosas que en ese momento no apostaba por que fueran tan difíciles de olvidar. 1, 2, 3, 4, 5 Y que siempre fui re desabrigada a verte porque me hacía la linda pero me moría de frío, y me pasé el invierno esperando que me agarrara una pulmonía por esas noches en las que nos íbamos a cualquier hora a tu casa y hacía un frío que nos cortaba la cara, y cada vez que llegábamos a una esquina yo exhalaba fuerte adentro de la bufanda para sentir un poco de calor y vos sólo caminabas con la capucha puesta y las manos adentro de esa campera que fue siempre la misma y jamás te sacabas y parecía que podías caminar eternamente de esa forma. 1, 2, 3, 4, 5 y un señor que pregunta si está bien y la persona responde que sí, que se le atoró algo en la garganta, que ya se le va a pasar. Y yo pienso que en un momento creí que sólo existías con la capucha puesta pero después me dí cuenta que no y que tenías el pelo hecho un bardo pero que igual me re gustaba y entonces empecé a odiar que te pongas la capucha y un día te dije que me hacías acordar a cuando Anakin se convertía al lado oscuro de la fuerza y me peleaste con que abajo Star Wars y arriba Volver al Futuro y yo te dije que cualquiera, que era distinto, que yo no te había bardeado Volver al Futuro que entonces no tenías por qué bardearme a Star Wars y me seguiste peleando hasta que yo dejé de discutir porque en realidad tenía muchas ganas de darte un beso. 1, 2, 3, 4, 5, 6 y se tira para adelante como para escupir el coso que hacía que estuviera tosiendo tanto y dos personas (la que ya le había preguntado si necesitaba ayuda y otra nueva) la sostienen y le vuelven a preguntar si está bien, a lo que la persona va a contestar algo pero no puede porque está ahogada y 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8. Recién me doy cuenta de que la persona es una mujer de unos 50 años que está sentada en esos asientos que son para cuatro, mirando para adelante. El chofer chusmea por el espejo a ver quién está haciendo tanto escándalo y 1, 2, 3, 4 la señora se cae al piso y todos empiezan a preocuparse más mientras el señor que ya le preguntó como cuatro veces si está bien y no se percata que su pregunta ya no sirve para nada, ahora le pide al chofer que frene un segundo y 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 la señora trata de decir que no se preocupen pero es en vano porque de su boca solo sale 1, 2, 3, 4, 5 y yo no me quiero levantar porque ya están todos levantados y siento que es un despelote si también me levanto yo, además a la señora no le sirve que yo me levante y no sepa hacer nada para curar su tos, tengo miedo de convertirme en el señor que ya le preguntó ochenta veces si se encuentra bien y que todos se tomen el tiempo de hablar conmigo en vez de ayudar a la señora que, pobre, ya no puede más con su 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y que ahora yace completamente acostada en el suelo mientras el chofer se comunica con una ambulancia que vaya uno a saber cuándo va a aparecer y yo que estoy acá y que en lo único que pienso es en que estoy llegando tarde a ver una obra de teatro que hace rato tengo ganas de ver y que encima ya pagué y me siento un poco mal por este pensamiento pero ya deseé que la señora se recuperara y no pasó entonces no entiendo qué más puedo hacer pero 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 hay dos señoras más que hablan muy fuerte y casi tapan las toses y ahora todos están parados, hay gente que se bajó y está esperando el bondi de atrás, yo sigo con la esperanza de que van a bajar a la señora y vamos a poder continuar con el viaje y de que el señor se calle y deje de preguntar cosas absurdas, por favor, alguien que baje a ese señor del bondi, por qué no le agarró la tos a él que es insoportable? 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7… y silencio. Yo que estoy sentada y no veo nada porque me tapan las 8 personas que están paradas delante mío decido pararme también e ir a ver por qué paró de toser. La señora quedó con los ojos desencajados y la boca abierta. Hace unos sonidos que parecen como que va a toser de nuevo pero no sucede. Todos están expectantes y se escuchan varios “ay, dios” por el colectivo. El señor insoportable le reclama al chofer por qué la ambulancia no llega y éste le explica que ya llamó que ahora hay que esperar y el señor lo amenaza y le dice que si la señora no vuelve a toser él va a estar en graves problemas, él y la empresa. Parece ser que el señor insoportable es, además, abogado y ahora entendemos todos por qué está tan preocupado por la situación. Arenga a la señora a que siga tosiendo al grito de “vamos, mami, vamos” pero la señora quedó catatónica en el piso y nadie sabe bien qué hacer. Todos de a poco vamos dejando de hacer sonidos, ya no hay ritmo ni compases, hay sólo silencio y mucha gente que se desconoce entre sí hace lo mismo: mira para abajo y espera. 1, 2… 3… 1, 2, 3, 4, 5… 1, 2…1… 1… la señora vuelve a crear el sonido que pareció haberse extinguido por unos segundos y la gente de alrededor exhala con fuerza y se escucha una sirena a lo lejos. Luego de unos segundos, expulsa algo que al principio es indescifrable para mí con la cantidad de gente que está en el medio y no me deja ver pero que luego descubro es una pastilla de miel. A esta altura yo ya me perdí la obra de teatro que tanto quería ver y no estoy segura de estar tan contenta por que la señora haya vuelto a toser, aunque haya sido una de las que exhaló fuerte cuando volvimos a escucharla como en señal de alivio. Me parecía más interesante que todos nos quedáramos a la expectativa un rato más y definitivamente no quería volver a escuchar al señor insoportable preguntar por quintagésima vez si ella se encontraba bien. Me quedé pensando en qué habría pasado por la mente de la señora cuando dejó de toser, dónde había pasado ese tiempo ausente, si sentía el sabor de la miel todavía o había perdido total registro de los cinco sentidos. Y también pensé qué loco que algo tan diminuto como una pastilla pueda paralizarte tanto. La tos que la devolvió a la realidad de donde quiera que haya estado, nos devolvió también a cada uno de nosotros y a mí me devolvió a tu recuerdo y a pensar en que sos tan diminuto como esa pastilla pero que igual me molestás porque te tengo acá atragantado, y que ojalá pueda expulsarte de una vez ante de paralizarme y ahogarme en vos.

querido jorge:

La verdad es que tenés un nombre bastante vulgar para ir seguido de un “querido” y además, para que sea una de las primeras palabras que se use como inicio de una carta. Pero te llamás así y no se puede hacer más nada. Ahora parece que en realidad te escribo para insultarte pero no, es sólo un detalle, las implicancias poéticas que puede o no llegar a tener tu nombre no tienen nada que ver con el objetivo principal de esta carta. Te estarás preguntando“¿por qué no me escribe por Whatsapp y listo?”. Y porque es físicamente imposible, Jorge. Seguro no te acordás, pero yo no tengo tu número desde el día que perdiste el celular en el recital del hermano de tu cuñado en Tortuguitas. Al menos eso me dijiste a mí. Digo así porque todos siempre lo pusieron en duda, como que inventaste eso para ir rechazándome de a poco, pero yo en el fondo te creo. O capaz me resulta tan horrible pensar que buscabas rechazarme que inconcientemente elijo creer lo del recital en Tortuguitas. Viste que uno nunca sabe. Igual, más allá de eso, mandar una carta puede parecer de la prehistoria pero es como más importante, da otra cosa. Yo siempre quise recibir cartas. Yo siempre quise recibir una carta tuya. De hecho, ahora que lo pienso, cada vez que entro a casa miro el buzón para ver si tengo un sobrecito tuyo. Siempre es la cuenta de luz o de gas, claro, y siempre está el mismo error en mi apellido, o que le agregan una ‘b’ o escriben con dos ‘s’ en vez de ponerle la ‘z’. Vos sabés más que nadie que nunca fui una defensora acérrima de mi apellido pero la verdad es que es bastante insoportable tener que ir a hacer el reclamo con la factura cuando se te corta la luz y que el problemita siempre sea que el sistema te desconoce completamente porque ahí figura otro nombre. Cansa que te desconozcan. Aunque yo sé que si vos me mandaras una carta, escribirías bien mi apellido porque sacás las letras por el sonido de la palabra nomás, es como un don que tenés. ¿Te acordás cuando agarrábamos la lista de los alumnos de 3ºB y jugábamos a que había que escribir correctamente los apellidos con solo escucharlos? Siempre me ganabas. Y mirá que se suponía que yo me los sabía de memoria, eh. Pero parece que no era tan así al final… En síntesis, la razón por la cual elijo escribirte después de todo este tiempo es porque hace dos meses que vengo soñando con vos. Y si fuera una cosa de los fines de semana nomás no me preocuparía tanto, pero el hecho es que se convirtió en algo cotidiano y entonces te encuentro todas las noches en situaciones tan diversas y disparatadas que hasta me causan gracia. No las protagonizás todas pero aunque sea algún bolo pegás y se ve que no tengo mucha imaginación para el vestuario porque siempre estás con la misma ropa que llevabas puesta el día ese de la plaza. El tema en sí no es soñar con vos porque la verdad es que me gusta verte y hablarte de vez en cuando, aunque sea en un sueño. Pero lo que más me llama la atención es lo que hacés al final. No importa qué rol estés jugando, no importa en qué situación nos encontremos. Vos de la nada, me tomás la cara con tus dos manos y luego de mirarme unos segundos, me lames los ojos. En ese momento, me despierto. No sos la primera persona a la que se lo cuento. Antes de decidirme a mandarte la carta, le comenté a Luis sobre este gesto tuyo en el sueño y me preguntó si cuando andábamos, vos tenías algún fetiche con mis ojos. Me enojó bastante que sea tan básica su pregunta y que no se molestara en analizarlo más allá de lo sexual porque yo jamás lo hubiese pensado por ahí. Me molestó tanto que decidí cambiar de panadero y no lo vi más. Yo no sé a qué se debe esta inclinación tuya por aparecerte en los sueños de la gente y lamerle los ojos así como así. El tema es que no es una saliva cualquiera. No es esa saliva agria y espesa de cuando recién te despertás, no. Es como si estuvieras viendo que se acerca un plato gigante de fideos con tuco después de no haber probado bocado durante meses. Vos me entendés, es una saliva con ganas. Después de ese momento, cuando finalmente abro los ojos, me encuentro despierta en mi cama, pero me queda la fuerte sensación de tu saliva caliente en mi cara durante todo el día. Ahora seguramente estarás pensando que estoy loca de remate (y un poco puede ser que sí lo esté), pero de verdad espero que sigas teniendo ese afán tan grande por entender a la gente y que entonces, en vez de pensar eso, puedas profundizar un poco más y preguntarte por qué elijo contarte esto ahora, después de tanto tiempo… La razón es tan sencilla como absurda, Jorge. Y es que hace tres días que me despierto después de ese sueño y tengo los ojos mojados.

lapibadelpurificador.

Tres veces tuvo que pasar la piba delante de la misma puerta para darse cuenta que había llegado. El cartel de plástico daba justo la información que estaba buscando: Buenos Aires 4750. La poca originalidad que destacaba al nombre de la calle y a su número no se correspondía con el curioso aspecto de la casa. La combinación de pintura amarilla y los inmensos lamparones de humedad que cubrían sus paredes la convertían en la más extraña de toda la cuadra. La piba con su vestido amarillo largo hasta las rodillas junto a la casa componía una imagen digna de algún artista plástico, aunque ella no parecía querer estar en el mismo cuadro que la casa. Esa monocromía la definía y la condicionaba. Aún así, algo en ella permanecía inquieto y alerta, preparándola para borrarse de ese lugar de un momento a otro. Soplaba un viento que no combinaba con sus hombros y piernas destapadas, pero a ella qué le podía importar el viento para lo que había ido a hacer. Ningún tifón habría torcido su voluntad. Se sentó y apoyó la cabeza contra la puerta de madera mirando al cielo. Llevaba colgado un bolso negro con unas inscripciones que delataban su propósito e interrumpían la delicada línea que recorría sus hombros. Luego miró de un lado a otro de la calle. Un ruido seco la obligó a pararse de pronto y a acomodarse el vestido. Piba, no hace falta. Se descolgó el bolso y puso sus brazos a los costados del cuerpo. Piba, yo sé lo que te digo. La puerta se abrió y la señora Juárez apareció con su habitual mantel hecho delantal puesto y su peor cara de martes al mediodía. La piba saludó cordialmente y de a poco, mientras llenaba su boca con mil palabras por segundo, abría el bolso sin que la vieja se diera cuenta de lo que estaba por hacer. Cuando parecía que la coartada estaba dando resultado, la vieja rápidamente y sin ningún aviso le cerró la puerta en la cara. La piba se quedó dura unos segundos mirando la puerta que se interponía violentamente entre ella y la señora Juárez. Se llevó el bolso para adelante y lo cerró. Piba, yo te avisé. Sacó su celular, volvió a mirar el número de la casa y mandó un mensaje. Esperó la respuesta y lo metió en el bolsillo más chico. Miró de nuevo al cielo y suspiró profundamente. Cuando parecía finalmente haber tomado la decisión de irse, sus ojos se encontraron con los míos. Tuve la idea de esconderme pero fue sólo una idea, el impulso quedó relegado a la fuerza con la que la piba me sostenía la mirada. Piba, por favor, no lo hagas. Observó el número de mi casa: Buenos Aires 4753. Se descolgó el bolso y cruzó la calle. Me quedé con el mate en la mano, percibiendo lo incompleta que quedaba la casa amarilla sin la piba en su puerta. Luego de tres minutos en los que no supe hacer otra cosa más que escuchar sus pasos alejarse de mi domicilio, volvió a cruzarse y clavó nuevamente sus ojos en los míos desde la vereda de enfrente. Me acerqué al borde de la terraza y ensayé una sonrisa cordial. Me sonrió impune, como regocijándose al comprobar que ya no era un simple testigo, sino una víctima más de su frecuente plan. Volvió a colgarse el bolso y partió para la avenida. Dejé el mate en la mesita y bajé lo más rápido que pude por las escaleras cubiertas de papel de diario por la pintura. Me paré frente a la puerta. Sobre la alfombra que adornaba la entrada yacía su mensaje, claro y contundente. Me invadió una enorme contradicción: hubiese llamado mil veces a ese número tan sólo para ver ese vestido amarillo de nuevo, esta vez parado frente a mi casa, componiendo un cuadro distinto junto a mi puerta de metal, habiendo ya superado el desplante de la casa amarilla, dispuesto a buscar contención entre mis paredes bordó. Pero no, conmigo no vas a poder piba. Ya tenemos un purificador de agua, gracias.

escena.

Voy a hacerte una escena hoy con esta lluvia voy a ir a tu casa voy a mirar hacia tu ventana aunque no tengas ventana no importa voy a inventarme una ventana en una de las paredes de tu casa intentando que sea verosímil Voy a pintarme mucho los ojos para que cuando la lluvia me moje la cara se corra toda la pintura y se dibujen dos aureolas grandes y negras debajo de mis ojos colaborando con lo dramático de la escena bien cliché Para el vestuario pensé en comprarme algo que no se arruine con la lluvia y que me haga parecer más grande más adulta pero no hay presupuesto así que voy a ponerme un vestido rojo a lunares que tengo y que siempre quise mostrarte y que nunca pudiste ver porque siempre nos vemos en invierno con unas zapatillas y con un saquito y voy a llevar la cartera que tiene a Marilyn Monroe adelante Voy a quedarme parada frente a tu casa y voy a organizar mi mirada en un recorrido para ocuparme de algo Primero voy a posar mis ojos sobre la ventana inexistente después sobre la puerta luego sobre las rejas y por último sobre el techo voy a mirar más la puerta que a todo lo otro como si quisiera decir algo con eso como si hubiese algo por develar Con el tiempo seguramente modifique algo de todo ese recorrido sobretodo los días en los que ya no tenga tantas ganas de hacerlo pero lo de la puerta va a estar siempre El estreno va a ser hoy, aprovechando que llueve voy a repetir la escena todos los días que llueva hasta que me canse hasta que ya no le encuentre el sentido hasta que me aburra y tenga una imperiosa necesidad de gastar mi tiempo en otra cosa Van a haber días en los que llore de verdad otros en los que tenga que imaginar la muerte de personas muy cercanas o apelar a la tan bastardeada memoria emotiva y acordarme del último animal que se me murió para lograr alguna emoción y otros en los que seguramente necesite la ayuda de algún químico para empujar las lágrimas hacia fuera Van a haber días en los que voy a tener frío usando ese vestido entonces voy a mentir me voy a poner unas medias transparentes después me voy a enojar porque no puede ser que no me tome las cosas enserio y las voy a esconder para no volver a tentarme para sentir que soy mejor persona Voy a repetir la misma escena hasta aburrirme hasta que me cueste hacerla hasta que la odie hasta pelearme con todo el elenco que soy yo pelearme fuerte, irme un día a los gritos y golpeando algo Voy a repetirla hasta llorar por no querer hacerla nunca más hasta preguntarme si estuvo bien haber elegido esto para mi vida hasta replantearme si es justo gastar tanta plata en algo que no me deja un mango hasta pensar en buscar otras alternativas, otras cosas que no me angustien tanto Voy a hacerte una escena y la voy a repetir muchas veces a ver si haciendo esto por fin me canso y me doy cuenta de que no existe escena sin espectador

mosquitos.

Te pregunté si nunca te habías preguntado dónde van las almas de los mosquitos cuando mueren Ahí mismo yacían sus cuerpos inmóviles mutilados hace tiempo por un arma letal que hacía las veces de almohada Te confesé haciéndome la misteriosa que me parecía muy raro Sus almas ya no estaban pero sus cuerpos seguían ahí en esa especie de limbo que era mi pared Te lo dije sin siquiera sospechar que en ese mismo limbo estábamos los dos hablando de ellos y también de nosotros que teníamos los cuerpos pegados pero las almas en otro lado

tardedeverano

"Hay que meter la aguja así. Primero para adentro y después, cuando hacés la línea, la sacás. Ojo no pincharte" me dice y mis ojo...