jueves, 19 de agosto de 2021
querido jorge:
La verdad es que tenés un nombre bastante vulgar para ir seguido de un “querido” y además, para que sea una de las primeras palabras que se use como inicio de una carta. Pero te llamás así y no se puede hacer más nada. Ahora parece que en realidad te escribo para insultarte pero no, es sólo un detalle, las implicancias poéticas que puede o no llegar a tener tu nombre no tienen nada que ver con el objetivo principal de esta carta. Te estarás preguntando“¿por qué no me escribe por Whatsapp y listo?”. Y porque es físicamente imposible, Jorge. Seguro no te acordás, pero yo no tengo tu número desde el día que perdiste el celular en el recital del hermano de tu cuñado en Tortuguitas. Al menos eso me dijiste a mí. Digo así porque todos siempre lo pusieron en duda, como que inventaste eso para ir rechazándome de a poco, pero yo en el fondo te creo. O capaz me resulta tan horrible pensar que buscabas rechazarme que inconcientemente elijo creer lo del recital en Tortuguitas. Viste que uno nunca sabe.
Igual, más allá de eso, mandar una carta puede parecer de la prehistoria pero es como más importante, da otra cosa.
Yo siempre quise recibir cartas.
Yo siempre quise recibir una carta tuya.
De hecho, ahora que lo pienso, cada vez que entro a casa miro el buzón para ver si tengo un sobrecito tuyo. Siempre es la cuenta de luz o de gas, claro, y siempre está el mismo error en mi apellido, o que le agregan una ‘b’ o escriben con dos ‘s’ en vez de ponerle la ‘z’. Vos sabés más que nadie que nunca fui una defensora acérrima de mi apellido pero la verdad es que es bastante insoportable tener que ir a hacer el reclamo con la factura cuando se te corta la luz y que el problemita siempre sea que el sistema te desconoce completamente porque ahí figura otro nombre. Cansa que te desconozcan. Aunque yo sé que si vos me mandaras una carta, escribirías bien mi apellido porque sacás las letras por el sonido de la palabra nomás, es como un don que tenés. ¿Te acordás cuando agarrábamos la lista de los alumnos de 3ºB y jugábamos a que había que escribir correctamente los apellidos con solo escucharlos? Siempre me ganabas. Y mirá que se suponía que yo me los sabía de memoria, eh. Pero parece que no era tan así al final…
En síntesis, la razón por la cual elijo escribirte después de todo este tiempo es porque hace dos meses que vengo soñando con vos. Y si fuera una cosa de los fines de semana nomás no me preocuparía tanto, pero el hecho es que se convirtió en algo cotidiano y entonces te encuentro todas las noches en situaciones tan diversas y disparatadas que hasta me causan gracia. No las protagonizás todas pero aunque sea algún bolo pegás y se ve que no tengo mucha imaginación para el vestuario porque siempre estás con la misma ropa que llevabas puesta el día ese de la plaza. El tema en sí no es soñar con vos porque la verdad es que me gusta verte y hablarte de vez en cuando, aunque sea en un sueño. Pero lo que más me llama la atención es lo que hacés al final. No importa qué rol estés jugando, no importa en qué situación nos encontremos. Vos de la nada, me tomás la cara con tus dos manos y luego de mirarme unos segundos, me lames los ojos. En ese momento, me despierto.
No sos la primera persona a la que se lo cuento. Antes de decidirme a mandarte la carta, le comenté a Luis sobre este gesto tuyo en el sueño y me preguntó si cuando andábamos, vos tenías algún fetiche con mis ojos. Me enojó bastante que sea tan básica su pregunta y que no se molestara en analizarlo más allá de lo sexual porque yo jamás lo hubiese pensado por ahí. Me molestó tanto que decidí cambiar de panadero y no lo vi más.
Yo no sé a qué se debe esta inclinación tuya por aparecerte en los sueños de la gente y lamerle los ojos así como así. El tema es que no es una saliva cualquiera. No es esa saliva agria y espesa de cuando recién te despertás, no. Es como si estuvieras viendo que se acerca un plato gigante de fideos con tuco después de no haber probado bocado durante meses. Vos me entendés, es una saliva con ganas.
Después de ese momento, cuando finalmente abro los ojos, me encuentro despierta en mi cama, pero me queda la fuerte sensación de tu saliva caliente en mi cara durante todo el día. Ahora seguramente estarás pensando que estoy loca de remate (y un poco puede ser que sí lo esté), pero de verdad espero que sigas teniendo ese afán tan grande por entender a la gente y que entonces, en vez de pensar eso, puedas profundizar un poco más y preguntarte por qué elijo contarte esto ahora, después de tanto tiempo…
La razón es tan sencilla como absurda, Jorge. Y es que hace tres días que me despierto después de ese sueño y tengo los ojos mojados.
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